Atelier Benoît Poirier d'Ambreville

Parati Magazine – Lecciones de Buen Gusto

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Parati Magazine – Tiene los ojos más grandes y genuinamente verdes que he visto, y su gran estatura termina en unos estilosos mocasines Vuitton. Es Benoît Poirier d’Ambrevílle, cuyo rostro desde hace un tiempo está apareciendo constantemente en la vida social de los eventos culturales en Santiago. Nada nuevo para este francés, al borde de los cuarenta, acostumbrado en Eu­ropa a ocupar páginas de la prensa fashion y cultural, como invitado y protagonista.

Con esa discreción llamativa de quienes tienen un backstage contundente, este ex mo­delo de Armani, Galiano y Dolce & Gabbana -que la web describe como un extraordinario colorista a nivel mundial- está afinando paula­tinamente la identidad y la imagen de la mujer chilena. La crítica y la potencia, mientras en su loft de Bellavista recibe a quienes le entre­gan su cabeza y agradecen sus reglas de buen gusto. Nada de visos, “no me gustan las muje­res cebras”; nada de pelos sueltos con vestidos largos, “es poco elegante y distinguido”; nada de Barbies maduras, “ese no es el gusto de los hombres educados, es lo que se ve en televisión; es decir, vulgar”, dice sin pelos en la lengua.

DE ARMANI A CALVIN KLEIN. Nacido en Bretagne, Francia, y criado en Niza, a los 15 años desafió a su colegio católico a aceptarlo con el pelo multicolor, donde no faltaba el to­no violeta. Obviamente la solicitud fue dene­gada, y un año y medio más tarde se titulaba de colorista en L ‘Oréal, partiendo luego a Londres, sin hablar inglés, pero dispuesto a especializarse en nuevas técnicas con el ge­nio de la peluquería Trevor Sorbie.

Benoît Poirier d’Ambreville. Ex rostro de Armani, Moschino y Calvin Klein, fue figura en las pasarelas más importantes del mundo. No obstante, su vida ha estado siempre ligada al color. La web lo presenta hoy como uno de los coloristas más prestigiados del mundo. No en vano, su salón en Monaco se transformó en el favorito de princesas y celebridades. Hoy vive en Chile, desde donde proyecta el lanzamiento mundial de su propia marca, y aboga por la creación de una identidad propia para la mujer chilena.

Como en los cuentos de hadas, allí fue descubierto, y su vida se transformó en un ca­rrusel de pasarelas y fotografías en Londres, París, Nueva York y Moscú, en las que com­partió trabajo con profesionales de la talla de Kate Moss. Fue rostro dé Armani, Moschi­no, Calvin Klein, y John Galiano, por quien siente afecto y amistad.

¿Cómo es Galiano? Simple en su trato e inglés, muy inglés. Proviene socialmente de la clase alta, y es un divo muy buena onda, súper creativo, súper inteligente, muy ex­céntrico. Sus colecciones me encantan, es un show exuberante, encantador, pero… ¿dónde voy con esa ropa?

A los 27 años Benoît dejó el modelaje, “es el límite para los hombres en Europa, para las mujeres son generalmente los 22. Qué raro lo que pasa en Chile”, dice con expresión de extrañeza. Y no alcanzó a preguntarse qué hacer de su vida cuando ya estaba de vuelta en la gran manzana, como colorista para Warren Tricomi, el salón más top de los años 90, al que acudía la “crema y nata” de la sociedad neoyorkina, las modelos de Gucci y otras grandes casas, y donde se peinaba a la top model Élite del año. Castings, producciones y socialites reemplazaron a las pasarelas.

COSMOPOLITA. En Nueva York también fundó la empresa L ‘Agence One, cuyos ne­gocios incluyen hoy diversas áreas, incluso la del rubro inmobiliario, pero se trata bási­camente de una agencia que representa a los make up artistas, modelos, nuevos fotografos, artistas extranjeros y free lance.

Sin embargo, crear, innovar y relacionar­se con la belleza en todas sus manifestacio­nes ha sido y es lo suyo. ¿Sus clientas? Muy chic, desde actrices a princesas árabes, mujeres de gran refinamiento, y porsupuesto… “Son mujeres verdaderamente especiales, que se muestran sólo a sus maridos, por eso previo a atenderlas, es preciso firmar un con­trato donde se jura que quienes se van a relacionar con ellas no tienen ningún ínteres mas que el profesional”, cuenta.

Pero todo aquello era en el Viejo Continente, en esta parte del mundo las cosas un poco más normales. El primer guiño de Benoît con Chile fue a través de su hermana, residente en Londres, quien se caso con el conocido pintor chileno Carlos Ampuero. De ahi todo comenzó a fluir. Su desembarco no fue casual, trasladado de Monaco a Francia nuevamente, “sentí que ya era hora de parar, necesitaba crear”, comenta mientras su gata Pushka se arrima con toda confianza. Y continúa “Cuando preguntan que hago aqui, ‘al fin de mundo’, mi respuesta es siempre la misma: Europa está vieja, Estados Unidos es como un adolescente arrogante, y el provenir reside donde todo se está por hacer, donde hay que traspasar experiencias y conocimientos. Donde en la mañana puedes estar en la nieve y en la tarde en la playa, en qué otra parte del mundo encuentras eso”, pregunta enfático.

Explorando el rubro, Benoit ya sabe que mayoritariamente está mal organizado, que hay talento, pero que el servicio muchas veces es mediocre y que pasos básicos, como secar el pelo con la toalla antes de aplicar acondi­cionador, es algo que en Chile no se hace. “Es como ponerse crema con la cara mojada”, dice. Tampoco se explica cómo aún se usan tiñas con amoníaco, y la gente se plancha el pelo. “Después de dos o tres anos, tienes una ruina de cabello, envejecido y feo”.

¿Oué te ha sorprendido de la mujer chilena? Verlas con bolsos carísimos como Dior o Chloé y unos cabellos horribles. No entiendo como no se dan cuenta de que el pelo no se puede cambiar, que es para la vida, por eso es tan necesario cuidarlo y preservarlo, es como la piel, como el cuerpo.

Logra que una mujer sea más bella. Pero claro, para mí hay tres acciones que hacen a una mujer linda, sin pasar por cirugías plasticas: una buena alimentación, que se refleja en una bonita piel; un buen cuidado de su pelo, con productos orgánicos, como los de su pelo, como los de Leonor Greyl, y un permanente cuidado de sus dientes. Esto asegura una imagen de salud que se traduce inmediatamente en belleza.

¿Qué es lo mejor y lo peor que nos ves a las chilenas? Lo mejor, que son mujeres informadas y que viajan constantemente. Eso les permite crecer, y espero que a corto plazo y con inteligencia, busquen su propia identidad, sin tratar de parecerse ni a las es­tadounidenses vulgares ni a las argentinas. Las chilenas tienen muchos elementos para tener su propio estilo, les recomiendo ver muchas revistas extranjeras y tomar lo me­jor, pero para potenciar su propia identidad. Y en cuanto al pelo, sólo lavarlo dos veces por semana para que no se envejezca.

¿Lo peor? ¡Uffff!, primero la mala influen­cia que tienen de la barbie doll americana, creer que Pamela Anderson es un icono de belleza. Te aseguro que no es gusto de ame­ricanos educados. Otra cosa es usar ropa ina­decuada a la edad, pensando que se ven más jóvenes, eso es fatal, porque compiten sin darse cuenta de que van a perder. Una mujer chic es la que saca partido a su edad.

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